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Regresar a la raíz mientras se danza

Regresar a la raíz mientras se danza

Por: Sara Cristina Quintero Arismendy

“Como concepto total, la danza engloba una multiplicidad de vertientes, géneros e intereses, y al ser entendida como una práctica social hace borrosas las fronteras y permite encontrar eslabones que la revelan como cuerpo de conocimientos. De un lado, abarca categorías propias de la práctica y comunes a todos los géneros como cuerpo, movimiento, espacio, tiempo, percepción, comunicación; todo ello fluyendo en una riqueza y diversidad de lenguajes. Por otro, involucra formación, creación, investigación, gestión, circulación, apropiación; territorios que construyen el campo de la danza como un saber, una disciplina.” (Plan Nacional de Danza 2010-2020)

Durante 17 años he sido bailarina, he recorrido diversas técnicas y actualmente estoy preparándome para ser docente. Sin embargo, como aficionada de la danza, cuando suena una cumbia, un bambuco, un joropo o cualquier música tradicional colombiana, el cuerpo reacciona ante un sin número de sensaciones que logra transmitir esta música, aclarando que en mis estudios nunca se ha incluido alguno relacionado con el folclor colombiano, ¿por qué mi cuerpo responde a esos sonidos sin conocer su esencia y sus raíces? Ante esa pregunta siempre me he respondido, los llevamos en la sangre. Somos la unión de una historia cargada de migraciones, somos una diáspora de ritmos y expresiones artísticas, somos en esencia danzantes, en un país que a diario nos obliga a enfrentar la vida sin muchas opciones, pero siempre con la oportunidad de seguir bailando.

En una época donde el país se enfrenta a cambios y reconocimiento de la paz como proceso de transformación, es de vital importancia fortalecer la danza y su enseñanza para involucrar desde otro punto a las nuevas generaciones en la apreciación de este arte. Como lo explica el plan nacional de danza del Ministerio de Cultura “La danza en Colombia es vital, vigente y rica en presencia y divergencias de significado; todas estas expresiones soportan y constituyen en una permanente dinámica las identidades, lo nacional, lo popular, lo juvenil, lo urbano.”

El siguiente cuestionamiento que me hago es en ¿qué posición se encuentra actualmente la enseñanza y difusión de estos ritmos?, ¿qué tanto se están capacitando los docentes para ver en esta expresión artística una oportunidad de formación ciudadana? Considero que es necesaria una metodología más rigurosa para los formadores, que deben inculcar dentro del aula la importancia de la historia de cada danza, sus referentes, las bases técnicas y salir del estigma de usarla únicamente como medio de entretenimiento. Entendiendo que actualmente las nuevas generaciones viven en un mundo inundado de información efímera, resulta más compleja la posibilidad de captar su atención, es necesaria la implementación de esta área artística desde sus primeros años.

Los aspectos que se fomentan desde la política nacional se refieren a: la preservación de su memoria, la interrelación de sus lenguajes y la proyección de su generosa diversidad. Los diversos estímulos se han enfocado hacia estos ejes, pero aún falta reconocer la danza como terapia, un recurso que sin duda apoya la construcción del tejido social y la memoria en nuestras poblaciones afectadas por el conflicto. En mi ciudad de residencia y origen, Medellín, este factor ha sido de gran importancia para la consolidación de propuestas artísticas que han impactado poblaciones vulnerables, como es el caso de “El Balcón de los Artistas”, una propuesta de inclusión social y formación cultural para los jóvenes del barrio Manrique. Actualmente su posicionamiento nacional e internacional ha sido resultado del trabajo constante de sus directores e integrantes, sin embargo, siguen siendo autogestores de sus espacios de exhibición y es evidente con ellos, al igual que con otras entidades, que hay una desatención estatal hacia la consolidación y obtener espacios en la escena nacional, logrando un mayor reconocimiento en la escena internacional y apoyando desde su quehacer el posicionamiento de Colombia como un país diverso en expresiones artísticas.

Finalmente, la llegada y la colonización de los ritmos extranjeros en nuestro país (danzas orientales, americanas y europeas) han consolidado comunidades con el interés de conocer y formarse en estas técnicas (gustos heredados también del cine y la televisión) pero más que una amenaza, estos espacios se constituyen como una oportunidad de exploración del movimiento caracterizado por nuestra esencia ancestral, nuestro sistema fisiológico nos caracteriza por contar con habilidades motrices y de disociación del cuerpo generando un sello propio de nuestro movimiento. Es por esto que sin importar el ritmo, la música o la técnica, debemos entender la danza como una expresión artística que presenta la oportunidad de reconocernos como seres danzantes, como artistas y como personas. Que la danza es una generadora de redes, de contacto con nosotros mismos y nuestro entorno. La danza elimina fronteras y podemos recorrer el mundo en un solo baile. Que la danza es para el ser humano una expresión vital de su esencia, de su ser, su historia y el lugar donde habita.

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